martes, 25 de noviembre de 2014

Guacamole de mi madre


La sombra que da un aguacatero pocos árboles la dan. Es proporcional a la cantidad de hojas que pierden y que luego hay que barrer.  Eran dos pequeñajos y crecieron tan enormes que podías trepar y sentarte en una rama.

Los aguacates para mí no eran nada especial, mas bien su textura tan blanda a la que yo le añadía con imaginación viscosidad, no me hacían mucha gracia. Pero el queso si me gustaba, de siempre, me siguen apasionando los quesos. Las mañanas de domingo desayunábamos chicharrón recién hecho que se compraba en el mercado, con frijoles, salsas y guacamole, pero este era distinto.

El guacamole de mi madre tenía tropezones de un queso viejo, seco, queso curado del pueblo, similar a un parmesano o a un pecorino en lo picante, que mezclado con la cebolla, el cilantro, con la acidez del limón y bien sazonado lo imagine distinto, me olvide de la textura e imaginé el contraste con el queso. Cogí la tortilla caliente, un buen pedazo de chicharrón y frijoles refritos, una buena cucharada de guacamole con queso. ¡Qué cosa mas rica! La combinación perfecta, el crujiente del chicharrón, la cremosidad de los frijoles y el aguacate y lo áspero del queso hicieron que el guacamole pasase a ser uno de mis platos favoritos.

Después de dos o tres tacos, me mandan a barrer las hojas de los aguacates en el patio. Las madres, empeñadas en poner labores a los niños.

1 comentario:

  1. Mmm qué ganas de probar ese guacamole! estaré atento para la apertura!

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